
Aún había un poco de luz de la tarde que entraba por las cortinas amarillas y reflejaban los rayos del sol.
Esa luz tan tenue y cálida semejaba a un dulce amanecer, tanto se le parecía que incluso percibí ese olor a café que se impregna en la piel. Estabas tan hermosa, tan suave y tu piel blanca me tentaba desde esa gran cama, poco a poco la ropa te arrebate y en mis labios te tome, ni una parte de tu cuerpo deje de besar, te derretías cual trozo de cacao, con tu piel, dulce droga, me ofreciste aquello que me hace enamorar más.
Yo ose tu cuello empezar a morder, con tu cuerpo ya desnudo intente beber de ti, beber de tu sangre, esa que me embriaga mas que un vino, como si nocturno vampiro yo fuera, perdido en mi extrema lujuria yo te miré, a ti y a tus ojos de miel fulgor de una estrella, que me calmaron y al mismo tiempo me seguían tentando.
Ya empezando el juego esos ojos me dijeron cuanto me amabas, y en ellos se reflejaron otros de color tabaco: eran mis ojos los que yo veía, los que estaban enamorados, enamorados de ti, solo de ti, de tu sensualidad, de tu dulzura, de tu belleza y de esa agresividad que tanto me exaltaba.
Pronto me di cuenta de que pase de cazador a ser tu presa, con esas mordidas que yo comencé y que me inyectaban brazas de carbón. Tú sobre mí. De tus ojos vi caer dos lágrimas y al termino del juego me levante a probarlas, yo juraba que serian tan saladas / como el océano donde soñábamos vivir, mas mi lengua percibió el dulce sabor de las lágrimas de amor.
Entre mis brazos y entre tus piernas la noche transcurrió, tanto es nuestro placer, y tanto te amo que nada se compara con esa noche que me sedujo, al lado tuyo.
Esa luz tan tenue y cálida semejaba a un dulce amanecer, tanto se le parecía que incluso percibí ese olor a café que se impregna en la piel. Estabas tan hermosa, tan suave y tu piel blanca me tentaba desde esa gran cama, poco a poco la ropa te arrebate y en mis labios te tome, ni una parte de tu cuerpo deje de besar, te derretías cual trozo de cacao, con tu piel, dulce droga, me ofreciste aquello que me hace enamorar más.
Yo ose tu cuello empezar a morder, con tu cuerpo ya desnudo intente beber de ti, beber de tu sangre, esa que me embriaga mas que un vino, como si nocturno vampiro yo fuera, perdido en mi extrema lujuria yo te miré, a ti y a tus ojos de miel fulgor de una estrella, que me calmaron y al mismo tiempo me seguían tentando.
Ya empezando el juego esos ojos me dijeron cuanto me amabas, y en ellos se reflejaron otros de color tabaco: eran mis ojos los que yo veía, los que estaban enamorados, enamorados de ti, solo de ti, de tu sensualidad, de tu dulzura, de tu belleza y de esa agresividad que tanto me exaltaba.
Pronto me di cuenta de que pase de cazador a ser tu presa, con esas mordidas que yo comencé y que me inyectaban brazas de carbón. Tú sobre mí. De tus ojos vi caer dos lágrimas y al termino del juego me levante a probarlas, yo juraba que serian tan saladas / como el océano donde soñábamos vivir, mas mi lengua percibió el dulce sabor de las lágrimas de amor.
Entre mis brazos y entre tus piernas la noche transcurrió, tanto es nuestro placer, y tanto te amo que nada se compara con esa noche que me sedujo, al lado tuyo.